¿Es realmente acertado prepararte para un parto natural?

LUEGO LAS COSAS PUEDEN CAMBIAR

¿Es realmente acertado prepararte para un parto natural?

¿Es realmente acertado prepararte para un parto natural? Lo has preparado a conciencia. 

Ya sea a través de las reglas que propone la naturaleza o a través de terceros. De forma natural o con un tratamiento de fertilidad. A la primera. A la segunda. A la ya no sabes cuántas. Y desde el momento en que sabes que estás embarazada, tu cabeza solo puede empezar a pensar en el siguiente paso. Bueno, algunas cabezas pensarán en muchos pasos posteriores: tengo una mascota, cómo será recibido el bebé, si el gato lo usará para sacar las uñas o si, tal como deseas, lo protegerá con su vida.

El caso es que, antes que todo eso, están los ejercicios de preparación. Las clases de pre-mamá, las pelotas de gimnasio, las respiraciones y un mundo de conocimiento con el que prepararte durante meses.

¿Qué sucede luego? Pues que, a lo mejor, por la montaña de razones que puedan llevar a tomar esa decisión a tu equipo de médicos, todo termina en cesárea.

Que si no está colocado, que si una emergencia de última hora o que tu bebé ha salido al padre, y su padre es jugador de fútbol americano (por ejemplo). Que a lo mejor pues no terminas de dilatar lo suficiente y nos encontramos en medio de un parto complicado… son muchas razones, insisto, las que nos pueden llevar a una cesárea.

Créeme, no es nada malo que durante el embarazo hayas “fantaseado” con recibir a tu bebé después de una cesárea. ¿Acaso no has estado escuchando constantemente docenas de historias sobre que si cabezas demasiado grandes para ser expulsadas de manera natural? ¿Sobre dolores inimaginables y suturas? A ver, que no es tan fiero el león como lo pintan (o sí, pero en cuanto recibes la entrega todo se pasa), pero no hay parto sin dolor. Esa es la principal fuente de concentración que vas a necesitar.

¿Es realmente acertado prepararte para un parto natural?

El caso es que ese disparador de hormonas que es el embarazo y todo el proceso, desde el primer al último día (nota: no hay último día) podría darse de bruces con la intervención quirúrgica. Y no pasa nada. Bueno, no debería pasar nada. Cuando estás concentrada en recordar las posiciones con las que tu fisio especializado en preparación al parto te ha mantenido ocupada durante meses un par de veces por semana, o las respiraciones que tu entrenadora de futuras mamás te ha explicado al detalle, es complicado que pienses en otra manera de traer a tu bebé al mundo.

Las cesáreas no tienen absolutamente nada de malo, salvo que se realicen por “pereza” o a la carta, como tiene peligro de suceder en algunos países. Sin ir más lejos, en Estados Unidos, uno de cada tres partos se realiza así.

En Europa, en la Europa sin sanidad pública pero que se siente más adelantada en muchos aspectos (incluidos los tratamientos de fertilidad y la especialización en la investigación fértil), es casi la última opción.

No vas a ser menos madre por dar la vida a tu bebé a través de una cesárea. ¿Estaríamos hablando de ser menos madre por dar a luz vía vaginal a un bebé tras veinte horas de parto, inducciones y maniobras? ¿Tras las ventosas, los bisturíes y la oxitocina?

Es normal que encuentres a una madre con la espina clavada de una cesárea por soñar durante años con un parto natural, o que te encuentres con la molestia de no poder tener a tu bebé en brazos nada más nacer, pero eso, tras una cesárea, no debería ser el protocolo habitual. Salvo que exista algún tipo de precaución especial o una complicación, lo normal es que recibas a la criatura. Eso sí, algo más por encima de los pechos de lo que sería de haber dado a luz de manera natural. Si lo natural es dar la vida, ¿por qué seguimos diferenciando tanto un método del otro?

Bueno, ese debate lo dejamos para otro día.

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