Un nuevo estudio muestra por qué la curva de fertilidad natural de la mujer sube y baja

Revisado por Kate Anderton, licenciada en ciencias (editora) 9 de octubre de 2019

A lo largo de la vida, la curva de fertilidad natural de la mujer sube y baja, y en un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Copenhague, los investigadores han demostrado ahora por qué. Los resultados podrían repercutir en el asesoramiento sobre fertilidad y, a largo plazo, en el tratamiento de la infertilidad.

Los investigadores han trazado algunos de los mecanismos que pueden afectar a la fertilidad de la mujer desde la adolescencia hasta la menopausia. Estos mecanismos dependen en gran medida de errores cromosómicos naturales, errores que varían según el grupo de edad.

Esta es la conclusión a la que ha llegado un grupo internacional de investigación en un nuevo estudio, dirigido por investigadores de la Universidad de Copenhague. Los científicos, procedentes de varias universidades europeas, han llegado a su conclusión tras examinar 3.000 óvulos de niñas y mujeres de entre nueve y 43 años.

Hace tiempo que sabemos que los humanos tenemos una curva de fertilidad única en comparación con muchas otras especies. La curva empieza muy mal en la adolescencia y empieza a descender de nuevo cuando las mujeres llegan a los 30 años. Pero hasta ahora no sabíamos qué causa realmente estos cambios".

Eva Hoffmann, Jefa de Investigación y Profesora del Departamento de Medicina Celular y Molecular de la Universidad de Copenhague.

Pegamento

molecular

A diferencia de los hombres, que no forman espermatozoides hasta que alcanzan la pubertad, las mujeres nacen con todos los óvulos de que dispondrán a lo largo de la vida. Sin embargo, los óvulos son inmaduros y no se desarrollan completamente hasta que comienza el ciclo menstrual.

Mientras los óvulos permanecen latentes, una especie de pegamento molecular hace que los cromosomas se mantengan unidos. Más tarde, cuando los óvulos maduran, los cromosomas se dividen. Pero cuanto mayor es la mujer, mayor es el riesgo de que el pegamento se rompa antes de tiempo", explica Eva Hoffmann.

De este modo, el material hereditario se descompone, dando lugar a errores cromosómicos que pueden, por ejemplo, dar lugar a síndromes como Down, Turner o Kleinfelter. O que pueden hacer que los óvulos sean infértiles.

También en las adolescentes, los investigadores detectaron una mayor incidencia de errores cromosómicos durante la maduración de los óvulos. En este caso, debido sobre todo a que los óvulos no alcanzaron un nivel de madurez suficiente.

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Esto significaba que, en la adolescencia, sobre todo los cromosomas más grandes del material hereditario desarrollaban defectos y, por tanto, aumentaba la probabilidad de que los óvulos fueran expulsados por el cuerpo sin ser fecundados.

A medida que las adolescentes se convertían en mujeres jóvenes, los investigadores observaron cómo los óvulos se volvían más sanos, mientras que los errores cromosómicos desaparecían gradualmente. Una tendencia que se mantuvo hasta que las mujeres rondaron los 20 años, momento a partir del cual empezaron a aparecer otros tipos de errores cromosómicos.

Caderas más anchas y abuelas

Los científicos aún no saben a ciencia cierta por qué la fertilidad humana aumenta, alcanza su punto máximo y desciende dentro de una franja de edad definida. En comparación, nuestros congéneres más cercanos, los chimpancés, no experimentan la menopausia de la misma manera, sino que son fértiles de forma constante durante toda su vida adulta.

Según Eva Hoffmann, puede tratarse de dos mecanismos desarrollados evolutivamente en los humanos. En primer lugar, un mecanismo que protege a las mujeres muy jóvenes de quedarse embarazadas hasta que sus cuerpos están completamente desarrollados -y, por tanto, más capacitados para tener hijos debido, por ejemplo, a unas caderas más anchas que reducen los riesgos asociados al parto-.

En segundo lugar, un mecanismo que potencialmente hace que las mujeres mayores asuman un nuevo papel de apoyo como abuelas cuando sus propios hijos son capaces de tener descendencia, una teoría que dentro de una serie de campos de investigación se conoce como la "hipótesis de la abuela".

Eva Hoffmann señala que los nuevos resultados pueden servir para mejorar la difusión de información sobre la maternidad y la pérdida del embarazo. Del mismo modo que un mayor conocimiento podría mejorar a largo plazo el tratamiento de la infertilidad.

La pérdida del embarazo sigue siendo un tabú, pero con conocimientos como éste podemos comprender mejor y demostrar que es algo natural. Al mismo tiempo, una mayor comprensión de los mecanismos que subyacen a nuestro reloj biológico puede permitirnos controlar mejor la ruptura de los óvulos. Ya sea en los propios óvulos o en el proceso de maduración en la clínica de fertilidad", afirma Eva Hoffmann.

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